¿Cuántos cambios que quieres hacer has postergado porque requieren demasiado esfuerzo? Aquí no queremos que eso sea un impedimento. Queremos ayudarte a simplificar, una descontaminación a la vez.
Y el baño es el lugar perfecto para empezar, porque aunque no lo parezca, es uno de los espacios donde más basura generamos sin darnos cuenta. No por mala intención, sino porque nunca nadie nos lo mostró diferente.
Antes de comprar algo para tu baño, pregúntate qué va a pasar con eso cuando se acabe. Esa botella, ese producto, esa toallita. ¿A dónde va después de tu basurero?¿Cuántas generaciones de familires tuyas va sobrevivir?
Una vez que empiezas a hacerte esa pregunta, empiezas a elegir diferente. Y no se trata de ser perfecta, ni de generarte ansiedad, se trata de hacer algo, lo que sea, porque mejor hecho que perfecto. Con que hoy lo hagas mejor que mañana, ya es un cambio. No partir por abrumarse, no contribuye en nada.
El cepillo de dientes. ¿El tuyo es de plástico?, lo cambias cada tres meses (en teoría), y cuando se acaba... va directo a la basura, y de ahí probablemente al océano. Cambiar a uno de bambú o madera ya es un gran aporte. Y si los compras por mayor, te ahorras dinero y tienes el tema resuelto por meses. Fácil.
Los pétalos o toallitas desmaquillantes. Una o dos unidades al día, todos los días, para usarlas treinta segundos y tirarlas para siempre. Cambia a pétalos reutilizables —como los nuestros— y solo tienes que lavarlos con tu ropa de siempre. Mismo resultado, cero basura diaria, y a fin de año habrás ahorrado mucha plata.
La menstruación. Esto merece su propio párrafo porque es mucho. Las toallitas y tampones desechables son capas de plástico y químicos que van directo al planeta... y además son incómodos. La copa menstrual, las toallitas de tela, los calzones menstruales o los protectores reutilizables son más higiénicos de lo que imaginas, no generan mal olor, no irritan, y una vez que los pruebas, no hay vuelta atrás. El ahorro a largo plazo —de plata y de basura— es enorme.
El champú. Ese frasco que vive meses en el rincón de la ducha esperando que uses "el conchito" hasta el final, que nunca termina del todo, y que igual un día termina en el basurero y de ahí al mar. Si cambias a champú y acondicionador sólidos, eso son dos botellas menos por cada compra. Dos botellas que no van a flotar en ningún océano. Solo una barrita que dura, funciona, y ocupa un rinconcito en tu ducha. Además que te durará muuuucho más, o sea ahorro por donde lo mires.
Imagínate el plástico ( y plata por si no quedoó claro) que ahorrarías solo con estos cambios. No tienes que implementarlos todos de una. Elige uno, el que se sienta más fácil, el que más te resuene, el que ya llevas tiempo queriendo hacer.
¿Cuál de estos vas a implementar este mes? ¿Cuál más se te ocurre?
Te leo